Cuando debemos cambiar los amortiguadores

1 octubre, 2018
Cuando debemos cambiar los amortiguadores

Cuando debemos cambiar los amortiguadores. Los amortiguadores, o, mejor dicho, el sistema de suspensión al completo es un elemento fundamental en la seguridad de nuestro automóvil, y debe, por tanto, mantenerse al día en sus revisiones y velar por su mantenimiento. Forman parte del denominado Triángulo de la seguridad junto con los neumáticos y los frenos.

 

A la hora de sustituir los amortiguadores, que, como cualquier pieza, tienen un desgaste con el paso del tiempo, no todos los mecánicos están de acuerdo. Lo que sí podemos determinar es que la vida útil de los amortiguadores, manteniendo su eficacia al 100% se estima hasta los 30.000 kilómetros, después van perdiendo rendimiento. A menudo, no tenemos conciencia de esta situación puesto que el deterioro es progresivo, pero son muchos los usuarios que nos comentan que una vez reemplazados por unos nuevos sí que notan de forma destacable la mejoría en el confort de la conducción.

Lo ideal es cambiar los amortiguadores cada 50.000 kilómetros, aunque como siempre, recomendamos seguir las pautas que indica el fabricante en el manual del automóvil.

Hay que tener en cuenta, que si pasamos los 100.000 kilómetros sin cambiar los amortiguadores quedamos expuestos a dañar los propios muelles de la suspensión al forzar el sistema, aunque no hayamos detectado que estén deteriorados. Para comprobar si están fallando, os recomendamos prestar atención a la hora de esquivar obstáculos y hacer una frenada de emergencia. Un pequeño truco es presionar sobre cada rueda y observar si al volver a su posición original hay o no rebote.

No reemplazar a tiempo este elemento de nuestro automóvil puede ser más peligroso de lo que imaginamos, ya que no solo vuelve la conducción más incómoda aumentando el tiempo de reacción del propio conductor, sino que también afecta significativamente a la distancia de frenado al perder agarre al firme de la vía pudiendo llegar a perder el control del vehículo, especialmente en curvas muy cerradas, y acorta la vida útil de nuestros neumáticos un 20%.